Giacomo
della Chiesa nació en Génova el 21 de
noviembre de 1854. Ordenado sacerdote en 1878,
entró en 1882 a formar parte de la Congregación
de los Asuntos Eclesiásticos, en el Vaticano,
como colaborador del Cardenal Rampolla, al que
acompañó a Madrid, donde vivió entre 1883 y
1887. Pasó luego a la Secretaría de Estado,
donde fue colaborador del Cardenal Merry del Val.
En 1907, San Pío X le nombró Arzobispo de
Bolonia; las elecciones pontificias de 1914 fueron
las primeras que se efectuaron sin la intervención
de ningún soberano extranjero y cumpliéndose al
pie de la letra las prescripciones de San Pío X.
El nuevo Papa fue elegido el 3 de septiembre.
Europa estaba en guerra y el Papa se apresuró a
redactar una Encíclica, "Ubi Primum",
dirigida a los católicos de todo el mundo y
dedicada al restablecimiento de la paz. El 13 de
octubre, Benedicto XV nombró como Secretario de
Estado al Cardenal Gasparri, que había dirigido
la obra de renovación del Derecho Canónico
realizada por Pío X. Los dos, el Papa y su
Secretario de Estado, eran fieles continuadores de
la política y de las ideas de León XIII.
En la Encíclica "Ad Beatissimi",
el Papa indicaba a los hombres las principales
causas de la guerra, que eran cuatro según él:
la falta de mutua comprensión entre los hombres,
el menosprecio de la autoridad, las injustas
luchas entre las clases y el exagerado apetito de
las cosas perecederas. Basado en la idea cristiana
de que la guerra es uno de los peores males que
pueden abatirse sobre la humanidad, Benedicto XV
hizo todo lo posible para aliviar los sufrimientos
relacionados con el conflicto que dividía el
mundo en dos campos enemigos. Varias de sus
sugerencias, apoyados por Alfonso XIII, rey de
España, fueron tomadas en consideración por los
beligerantes. Una agencia de información sobre
los prisioneros fue creada en el Vaticano.
Ya en 1916 la palabra paz había
empezado a circular entre los beligerantes, pero
todas las negociaciones diplomáticas fracasaron,
salvo las que hubo entre Alemania y Rusia, que
firmaron una paz separada en Brest Litovsk. En
Rusia se había producido la revolución
comunista, y Alemania había conseguido un éxito
aparentemente muy importante, ya que tanto la
revolución como la paz de Brest Litovsk eran la
consecuencia del apoyo que el gobierno alemán había
otorgado a Lenin, trasladándole desde Suiza a
Rusia en un vagón sellado. En el fondo, "la
operación Lenin" habría de ser un desastre,
tanto para Alemania como para todo el mundo. En el
mismo año, los Estados Unidos entraron en la
contienda al lado de Francia e Inglaterra.
El 1 de agosto de 1917, el Papa
publicó una "Nota Pontificia sobre la
paz", en la que afirmaba que la paz no tiene
que ser hija de la violencia, sino de la razón.
Poco antes había nombrado como Nuncio en Munich a
Eugenio Pacelli, cuya misión era la de la
pacificación y que logró entrevistarse con el
Emperador de Alemania, con el Canciller Bethmann
Holweg y con el Emperador de Austria. La caída de
Bethmann Holweg y el nombramiento como Canciller
de Michaelis, representante de los protestantes y
del Estado Mayor, interrumpía bruscamente las
tentativas de paz, obra del Parlamento y del
Nuncio Pacelli. El 9 de agosto de 1917, el Papa
hacía pública una nota en la que proponía a los
beligerantes una base de discusiones. Se trataba
de aceptar el derecho y la justicia como principio
en sustitución de la fuerza armada, de un recíproco
desarme gradual y de la creación de un organismo
de arbitraje capaz de solucionar los problemas de
tipo internacional.
En fin, se trataba también de
encontrar una justa manera de pagar los gastos de
la guerra y la reparación de los daños causados.
La nota proponía también una serie de medidas prácticas
con respecto a la evacuación de tropas y a los
problemas territoriales que habían surgido en los
últimos años. La nota fue favorablemente
recibida en Alemania y en Inglaterra, y mal
acogida en Francia, donde se tenía la impresión
de que el Papa trataba de favorecer a los Imperios
centrales. El presidente Wilson contestó a la
nota diciendo que apreciaba los esfuerzos del Pontífice,
pero que era imposible concluir la paz con los
dirigentes alemanes.
La guerra no terminó sino un año
después. En 1920, cuando empezaban las reuniones
de la Sociedad de las Naciones, Benedicto XV
publicaba una nueva Encíclica, "Pacem, Dei
munus", en la que, después de alabar el
patriotismo, inspirado en el mismo amor a Cristo,
que había amado su patria terrenal, reclamaba
otra vez sus derechos como soberano de un Estado
simbólico, derechos nunca reconocidos por el
gobierno italiano. La más grave consecuencia de
este estado de cosas fue que la Santa Sede no pudo
participar en los trabajos de la Sociedad de las
Naciones, debido a la oposición del delegado
italiano en la misma, Nitti, según el cual la
Santa Sede había dejado de ser un estado.
La situación de la Iglesia en el
mundo había mejorado sensiblemente. Las
relaciones con Francia fueron reanudadas en 1921.
Polonia e Irlanda, países católicos, habían
recobrado su independencia, y la reunión en La
Haya (1920) de las asociaciones obreras católicas
reveló a todos la fuerza que habían adquirido
estas asociaciones en las once naciones allí
representadas.
Pero las actividades del Papa no se
limitaron a la política internacional. En 1920
canonizó a Juana de Arco. En 1921 dedicó a Dante
la Encíclica "In Praeclara", en ocasión
del sexto centenario de la muerte del poeta
florentino, recordando el permanente contacto que
había existido entre el autor de la "Divina
Comedia" y "La Santa Escritura" y
alabando su obra como una sublime exaltación de
la justicia y de la Providencia.
En 1922, el 22 de enero, Benedicto XV
fallecía en el Vaticano, víctima de una epidemia
de gripe. Sus últimas palabras fueron:
"Ofrecemos nuestra vida para la paz del
mundo".