Fabián
Era romano, hijo de Fabio, y siendo seglar fue
llamado a suceder al Papa San Antero el año 236.
Su elección fue maravillosa. Habíase juntado el
clero y el pueblo para nombrar sucesor a San
Antero; y como estuviesen muy divididos los votos,
se vio bajar de lo alto una paloma que
derechamente fue a descansar sobre la cabeza de
Fabián. Al punto comenzaron a clamar todos los
fieles que Fabián había de ser su obispo. Por más
que él se resistió diciendo que era indigno de
tan alta dignidad, fue colocado en la silla
episcopal, y consagrado por Sumo Pontífice en
aquellos difíciles y calamitosos tiempos de la
cruel persecución de Maximino.
Mostró bien este Santo Papa su tesón
y su vigilancia en conservar la pureza de la fe y
la santidad de la religión cristiana, por el modo
con que castigó a Privato, obispo de Lambisa, en
Africa, convencido de herejía y de vida
escandalosa. Los que son de opinión de Filipo y
su hijo fueron cristianos, afirman que recibieron
el Bautismo de mano de San Fabián. Estableció
siete subdiáconos, repartidos en los siete
cuarteles o barrios de Roma, para escribir las
actas de los Mártires.
Mandó que todos los años se
renovase el Crisma en el Jueves Santo, y prohibió
el matrimonio entre parientes hasta el quinto
grado. Se cree que al celo de este Santo Papa debe
la Iglesia de Francia aquella apostólica misión
de tantos santos obispos que fueron a plantar la
fe de Jesucristo en aquellas provincias.
Hizo llevar a Roma los restos
mortales de San Ponciano e Hipólito, que se habían
reconciliado en Cerdeña antes de morir, y les dio
cristiana sepultura en las Catacumbas de Calixto.
En fin, habiendo sucedido a Filipo el Emperador
Decio, logró San Fabián la dicha de hallarse al
frente de los que combatían en defensa de la fe,
que él mismo confirmaba con sus palabras, y con
sus ejemplos, recibiendo la corona del martirio el
20 de enero del año 250, después de haber
gobernado la Iglesia trece años y ocho días.
El sarcófago de Fabián fue
descubierto en 1915 en las Catacumbas de San
Calixto.