San
Pío Fue hijo de Rufino y natural de Aquileya.
Educado por su padre, en la cristiana religión,
pasó a Roma para completar su instrucción, y
adelantó tanto en letras y religión, que mereció
ser admitido en un colegio de canónigos
regulares; entre los cuales sobresalió de un modo
admirable por su caridad y ardiente celo; por lo
que el Papa San Higinio le consagró obispo
regionario, para servirse de él como coadjutor en
el gobierno de la Iglesia. Coronado con el
martirio San Higinio, la Iglesia elevó a Pío I
al Sumo Pontificado pocos días después, dando a
conocer desde luego, a la par de su vigilancia
pastoral, un fino tacto en unir más y más a
todas las Iglesias con los lazos de la caridad y
de la Tradición, previniendo de antemano todo lo
que podía ocasionar división alguna.
Fue Pío el primero de los Papas que
mandó que los judíos convertidos se
conformasen con la Iglesia romana el día de la
celebración de la Pascua de Resurrección, y que
prohibió con graves penas la enajenación
de los bienes de la Iglesia, y la negligencia de
los sacerdotes en la celebración de los divinos
oficios, y administración de la Eucaristía.
Sabedor del martirio de algunos
cristianos en León de Francia con Vero su obispo,
escribió por medio de Atalo a San Fotino su
sucesor, que cuidase de sus reliquias, como los Apóstoles
hicieron con las de San Esteban.
Consagró en Iglesia las Termas
Novacianas, en honor de Santa Pudenciana, y condenó
al heresiarca Valentino, lo mismo que a Marción,
que infestaba a Roma con su hedionda doctrina,
disfrazada con las apariencias de devoción,
y logró alejarlos de la ciudad. El odio de
algunos magistrados gentiles se desahogó contra
el Santo, y después de haberle hecho sufrir mucho
en una terrible cárcel, fue degollado el 11 de
julio del año 157, y su cuerpo fue sepultado en
el Vaticano, donde se venera.