San
Urbano, hijo de Ponciano: sucedió a Calixto.
Fue varón santísimo de muy amable y dulce
conversación, y con el ejemplo de su vida y
predicación apostólica convirtió en Roma a
nuestra santa fe gran número de ciudadanos y
caballeros, y entre ellos fueron Valeriano esposo
de Santa Cecilia, y Tiburcio su hermano, a los
cuales el Santo Pontífice bautizó y animó para
que constantemente muriesen por Jesucristo; a cuya
honra y veneración San Urbano consagró la casa
de Santa Cecilia y la hizo templo. Escribió una
epístola llena de admirable doctrina de la que se
coligen algunos decretos.
Daban en aquel tiempo los fieles sus
heredades y posesiones para el culto divino y
sustento de los ministros de ella y de los pobres.
Mandó Urbano que los tales bienes no se pudiesen
gastar en otros usos, añadiendo graves penas
contra los que usurpasen las cosas eclesiásticas;
porque son, dice, ofrendas de los fieles, y
rescate de pecados y patrimonio de los pobres. Y
porque algunas veces las mismas heredades, bienes
y raíces se vendían para socorrer a las
necesidades de los pobres. Ordenó que de allí en
adelante no se vendiesen, sino que con las rentas
de ellas se proveyese las que los ministros de la
Iglesia y los pobres necesitaran, quedando siempre
en pie la raíz y fuente de donde se pudiesen
remediar semejantes necesidades.
Mandó asimismo evitar al excomulgado
por el obispo, aunque no fuese de todo punto la
sentencia justa; y que de mano del mismo obispo
recibiesen los fieles el sacramento de la
Confirmación después del bautismo. Fue el
primero que usó patenas, cálices y vasos de
plata para el uso de la Iglesia y ministerio del
sacrosanto Sacrificio de la Misa. Y no sólo cálices
y vasos de plata, más de oro y piedras preciosas
usaron los Santos en el servicio de la Iglesia, y
los fieles las ofrecían al Señor, mostrando en
esto su piedad y devoción, reconociendo que lo
que los hombres tienen por más precioso debe
servir al Señor de todo lo creado, que se los dio.
Vivió el Santo Pontífice Urbano en
la silla de San Pedro seis años, siete meses y
cuatro días, y habiendo padecido y trabajado
mucho por la Iglesia del Señor, fue preso por el
prefecto Almaquio; y después de azotado
cruelmente con plomadas, fue degollado por su orden,
y su cuerpo echado a las aves y bestias; pero una
santa matrona, llamada Maimenia, y su hija Lucina,
lo recogieron y sepultaron en el cementerio de
Pretextato, en la Vía Apia. Su martirio fue el 25
de mayo del año 230 después de Cristo.